En el sureste de Mallorca, Felanitx es un pueblo rural y auténtico famoso por su vino, su santuario en lo alto y sus fiestas tradicionales. Buena parte del vino blanco de la isla nace en sus viñas, así que el enoturismo es casi obligatorio.
Toca un punto para ver el detalle
Felanitx se reconoce desde lejos por su montaña. El Santuari de Sant Salvador corona el punto más alto de la Serra de Llevant, a 509 metros: un santuario cuyo origen se remonta a 1348, flanqueado por dos grandes hitos —una cruz de piedra de unos 14 metros y una columna de más de 30 metros rematada por una imagen de Cristo, de 1934— desde donde la vista alcanza Cabrera y el cabo de Formentor. En un cerro vecino resiste el Castell de Santueri, un "castell roquer" documentado desde 1228, encaramado sobre la roca con vistas al mar.
Abajo, en el pueblo, la vida gira en torno al vino y al mercado. Felanitx está en el corazón de la DO Pla i Llevant y sus bodegas ofrecen visitas y catas: es la experiencia estrella de la zona. Los domingos por la mañana, el mercado semanal llena las plazas del centro con producto local —quesos, sobrasada, aceite, miel, ensaimadas— y las famosas alcaparras de Felanitx, las "perlas verdes". El pueblo tiene además una larga tradición alfarera. Y hacia la costa queda su puerto, Portocolom, uno de los más bonitos del sureste.
La especialidad de Felanitx es, sin duda, el vino: reserva una visita con cata en una de sus bodegas. Y su gran fiesta son les Festes de Sant Agustí, a finales de agosto (Sant Agustí es el 28), con una tradición que la distingue: Els Cavallets, un baile en el que seis niños de unos diez a catorce años, vestidos de caballitos, desfilan por las calles junto a dimonis y caparrots. Un apunte práctico: a diferencia de Inca, Felanitx no está en la línea de tren, así que se llega en coche desde Palma por Manacor o Campos —imprescindible también para subir al santuario y al castillo—. El mercado es los domingos por la mañana y el aparcamiento escasea ese día, así que ve con tiempo.