Un buen spa es el mejor plan para un día de lluvia, para descansar tras una ruta por la Tramuntana o, simplemente, para no hacer nada con estilo. En Mallorca los hay de todo tipo: baños de inspiración árabe en el casco antiguo de Palma y grandes spas de hotel repartidos por la isla.
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En Mallorca conviven dos grandes maneras de darse un respiro. La primera es el hammam, el baño de inspiración árabe que recupera la herencia andalusí de la isla: salas templadas, agua y penumbra para un circuito termal que suele rematarse con un masaje. En el casco antiguo de Palma, Hammam Al Ándalus lleva esta tradición al centro de la ciudad, en un ambiente de arcos y luz tenue. Es el plan urbano perfecto para una tarde de desconexión sin salir de Palma.
La segunda son los grandes spas de hotel, pensados para un día entero de piscinas, saunas y tratamientos. Fuera de la ciudad, el Arabella Spa, en Costa den Blanes, es una de las referencias de la zona de Calvià; y en el noreste, el Day Spa del Carrossa Hotel & Spa, en Artà, combina el circuito de aguas con el paisaje tranquilo del Llevant. En Palma, además, hay centros de bienestar y tratamientos holísticos junto al Paseo Marítimo para quien busca algo más íntimo que un gran resort.
Dos consejos antes de reservar. Uno: casi todos los spas —y especialmente los hammams— piden reserva con antelación y trabajan por turnos horarios, así que no te presentes sin cita, sobre todo en fin de semana. Y dos: pregunta qué incluye el pase, porque el circuito de aguas y el masaje suelen ir por separado; combinarlos es el plan más pedido y el que mejor sienta. Reserva la mañana o la tarde entera y sal como nuevo.