El casco antiguo de Palma —el Casc Antic— es uno de los centros medievales mejor conservados de España. Un dédalo de callejones que baja desde la Plaça Major hasta el mar, con la catedral de La Seu como faro y casi todos los grandes monumentos de la ciudad a un paseo.
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Todo empieza en La Seu. La catedral gótica de Palma se levantó a partir de 1229 sobre el solar de la antigua mezquita mayor, tras la conquista cristiana, y es el monumento que define la ciudad. Dentro guarda una sorpresa: la remodelación que Antoni Gaudí firmó entre 1904 y 1914, con el espectacular baldaquino de hierro forjado suspendido sobre el altar mayor. Justo al lado, el Palau de l'Almudaina —antigua fortaleza árabe convertida en residencia real— mezcla lo islámico y lo gótico en una hora de visita.
Desde ahí, el barrio se explora perdiéndose. El Passeig del Born, el elegante bulevar arbolado, es el eje para pasear; los Banys Àrabs, del siglo X, con sus arcos de herradura y su jardín, son uno de los pocos vestigios de la Mallorca islámica; y los patios señoriales escondidos por los carrers de l'Almudaina y de Can Savella son de lo que más se recuerda de una visita. A un paso del casco antiguo, el Mercat de l'Olivar (el gran mercado cubierto de la ciudad, inaugurado en 1951) reúne más de cien puestos de pescado, carne, queso y verdura: el mejor sitio para comprar producto local.
En la mesa, dos imprescindibles mallorquines: la ensaïmada, el bollo en espiral de manteca que se elabora en la isla desde el siglo XVII (con IGP propia), y el pa amb oli, el pan de payés con aceite, tomate de ramallet y sal. El casco antiguo también tiene sus grandes citas: el 20 de enero, Sant Sebastià, patrón de Palma, llena las plazas de conciertos, hogueras y correfoc (la gran verbena es la noche del 19); y el 31 de diciembre, la Festa de l'Estendard conmemora la conquista de Jaume I en 1229, una de las celebraciones civiles más antiguas de Europa. Un consejo: recorre el barrio a primera hora de la mañana, con las calles tranquilas, o al atardecer, cuando la piedra se dora; para lo esencial reserva 2–3 horas, más una para el interior de la Almudaina y los Banys Àrabs.