Antiguo barrio de pescadores, Santa Catalina es hoy uno de los rincones más dinámicos de Palma: un epicentro gastronómico y nocturno de casas de colores y calles estrechas, con el mercado más antiguo de la ciudad como corazón.
Toca un punto para ver el detalle
Santa Catalina fue durante siglos el barrio de pescadores de Palma, y aún conserva ese aire de pueblo dentro de la ciudad: casas bajas de colores, calles estrechas y, en lo alto, los molinos de viento de Es Jonquet, los últimos testigos de la aldea marinera que un día estuvo aquí. Hoy, sin embargo, es sobre todo el barrio de comer y salir: en pocos años se ha llenado de restaurantes, desde mesas recomendadas por la guía Michelin hasta bares de tapas escondidos, con una vida nocturna y un ambiente artístico que no paran.
El corazón del barrio es el Mercat de Santa Catalina, el mercado más antiguo de Palma (el edificio actual es de 1920). Es punto de encuentro del vecindario y el mejor sitio para comprar producto fresco y de temporada, pero también para picar sobre la marcha: puestos de ostras, sushi, tortilla, pasta fresca, una rostisería… se puede desayunar o comer a base de tapeo de puesto en puesto. Para la noche —o mejor, para el tardeo, la fiesta que empieza por la tarde— el barrio se anima alrededor del Carrer d'Anníbal, el Carrer Soler y el peatonal Carrer de la Fàbrica.
Un par de claves prácticas. El mercado abre de lunes a sábado (aproximadamente de 7:00 a 17:00; las pescaderías cierran los lunes), así que evita el lunes si vienes por el pescado. Y para cenar en las mesas más solicitadas, reserva: de jueves a domingo el barrio se llena a partir de las 19:30. Lo mejor de Santa Catalina es que se recorre a pie, sin prisa, dejándose llevar de un puesto de mercado a una terraza y de ahí al tardeo.