En el sureste de Mallorca, Santanyí es el pueblo de casas de arenisca dorada y contraventanas pintadas, con una fuerte vida artística y el mejor mercado de la comarca. Es también la puerta de entrada a algunas de las calas más bonitas de la isla.
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Lo primero que notas en Santanyí es el color: sus casas están hechas de marès, la arenisca dorada que se extrae aquí y que sirvió para levantar monumentos de toda la isla, incluidas partes de la Catedral de Palma. Esa piedra cálida, sumada a una notable escena de galerías, estudios de artistas y boutiques repartidas por el casco antiguo, le da al pueblo un carácter tranquilo y culto que lo distingue de los destinos de playa cercanos.
El gran acontecimiento semanal es el mercado, que llena el centro cada miércoles y sábado por la mañana (de 9:00 a 14:00) con más de cien puestos de producto local, quesos, sobrasada, artesanía y arte. Pero Santanyí es, sobre todo, la base perfecta para descubrir el litoral: a pocos minutos están Cala Mondragó y S'Amarador, dentro del Parc Natural de Mondragó; Cala Llombards; Cala Santanyí, con el espectacular arco de piedra del Mirador d'Es Pontàs a un paseo; y el Caló des Moro. En verano, el Festival Internacional de Música Vila de Santanyí lleva conciertos a la iglesia y las plazas del pueblo.
En los puestos del mercado no faltan los productos mallorquines: quesos artesanos y sobrasada, el embutido de cerdo con pimentón. Si vienes a finales de julio, coincidirás con les Festes de Sant Jaume, el patrón: dos semanas de música, talleres y deporte que culminan con un correfoc la noche del 24 y fuegos artificiales el 25. Consejo práctico: en día de mercado (miércoles y sábado) el centro se llena y el aparcamiento escasea —usa los parkings de las afueras y llega antes de las 9:30. Y elige tu día: el miércoles es más tranquilo, el sábado tiene todo el bullicio.