Guía · Mallorca
No hay una única mejor playa de Mallorca: hay una para cada día. Una guía por zonas de once arenales y calas —de la salvaje Es Trenc a la espectacular Sa Calobra— con carácter, consejos y cómo llegar.
Hay una playa de Mallorca para cada estado de ánimo. La isla guarda más de 260, y la gracia no está en encontrar arena —eso es lo fácil— sino en elegir bien: el arenal donde perderte con niños, la cala a la que solo se llega a pie, la postal por la que vale la pena madrugar. Estas once son nuestra brújula.
Tap a point for details
No existe 'la mejor playa de Mallorca', y quien te diga lo contrario no ha visto suficientes. Existe la mejor playa para hoy: la que encaja con quién va, cuánto estás dispuesto a caminar y a qué hora sales de casa. Un arenal de bahía con socorrista y chiringuito no juega en la misma liga que una cala virgen sin sombra ni cobertura, y las dos pueden ser perfectas el mismo fin de semana. Por eso las hemos ordenado por zonas: para que decidan el mapa y las ganas.
El norte y la Serra de Tramuntana. Empieza por lo fácil: la Playa de Muro, seis kilómetros de arena rubia en la Badia d'Alcúdia donde el agua tarda una eternidad en cubrir —la bahía de los niños—, con el Parc Natural de s'Albufera latiendo justo detrás. Luego sube a la montaña. Sa Calobra se gana a pulso: una carretera imposible que se enrosca en el célebre 'Nus de sa Corbata' baja hasta una cala de cantos encajada entre paredes de piedra, en la desembocadura del Torrent de Pareis (o llegas en barco desde el Port de Sóller y te ahorras el volante). Cerca, bajo el pueblo de Deià, la Cala Deià es pequeña, de roca y agua transparente, con dos restaurantes de toda la vida asomados a las peñas. Y en la punta de Pollença, la Platja de Formentor despliega arena fina entre pinos que casi rozan el mar: preciosa, y con restricciones de coche en verano que conviene mirar antes de ir.
“Elegir playa en Mallorca no es un problema de oferta, sino de carácter: ¿arenal de bahía o cala sin nombre?”
El levante. La costa este resume en dos playas los dos extremos del catálogo. Cala Millor es la playa-ciudad: kilómetro y medio de arena blanca, paseo marítimo con carril bici hasta Cala Bona, bandera azul y todo el verano en marcha. A un paso, cerca de Manacor, Cala Varques es su reverso exacto: una cala virgen sin un solo edificio a la que se llega tras quince o veinte minutos a pie por un pinar. Ni un chiringuito, ni una hamaca. Y justo eso es lo que la salva.
El migjorn y Santanyí. El sureste es donde Mallorca saca pecho. Es Trenc es la gran playa salvaje: tres kilómetros de arena blanca y agua turquesa sin un edificio detrás, solo dunas —el Caribe con acento de Campos—. Al lado, dentro de un parque natural, Cala Mondragó guarda dos calas de postal de agua mansa, ideales en familia. Y en el término de Santanyí se enfilan las demás: Cala d'Or, un rosario de calitas de resort de agua tranquila; y Cala Llombards, una herradura de arena blanca entre pinos a la que se baja por un camino y unas escaleras.
El ponent, a un paso de Palma. Y para no dejar fuera el suroeste, Playa del Mago: una cala natural y discreta junto a Portals Vells, la primera playa nudista oficial de Calvià, a veinte minutos de la ciudad y con chiringuito. La prueba de que, incluso cerca de Palma, quedan rincones tranquilos si sabes dónde mirar.
Un consejo que vale para las once: en julio y agosto el enemigo no es la gente, sino el aparcamiento. Los parkings de las calas pequeñas se llenan antes de las once, así que madruga o ve a media tarde; lleva sombrilla donde no hay sombra (casi ninguna la tiene), agua de sobra, y llévate tu basura de las playas vírgenes. Y antes de salir, mira en Thril qué se cuece cerca —un mercado, una verbena, un concierto al atardecer—: eso, lo que pasa hoy junto a cada playa, es lo que una guía de siempre no te puede contar.

Deià