En la costa sureste, dentro del término de Manacor, Porto Cristo es un puerto pesquero con encanto y, sobre todo, la puerta de entrada a las cuevas más famosas de la isla. Tiene puerto de trabajo, una playa urbana resguardada ideal para niños y un paseo que rodea la bahía.
Toca un punto para ver el detalle
La razón por la que casi todo el mundo viene a Porto Cristo está bajo tierra. Las Coves del Drac son el sistema de cuevas más visitado de Mallorca: casi 1.700 metros de galerías que esconden el Llac Martel, uno de los mayores lagos subterráneos del mundo, donde se ofrece un breve concierto de música clásica interpretado desde barcas sobre el agua, con opción de un paseo en barca. A un kilómetro, las Coves dels Hams añaden doce galerías y otro lago —el "Mar de Venecia"— con su propia actuación musical.
Fuera de las cuevas, el pueblo se disfruta despacio. La playa de Porto Cristo son unos 350 metros de arena fina dorada en una bahía en forma de Z, de agua tranquila, poco profunda y turquesa: perfecta para ir con niños. El puerto sigue siendo un puerto de pesca en activo, con excursiones en barco de fondo de cristal y catamarán que salen de la taquilla del muelle, y un paseo marítimo que recorre la localidad. Es el plan ideal para rematar una mañana de cuevas.
En la mesa, la especialidad es evidente: pescado y marisco fresco del puerto, que llega cada día a los restaurantes del muelle. Si vienes en julio, coincidirás con les Festes del Carme, en honor a la patrona de los pescadores: destaca la Fira Nocturna (mercado nocturno de artesanía), la solemne procesión marinera del 16 de julio y los fuegos artificiales sobre la bahía. Consejo clave: compra las entradas de las Coves del Drac por internet con antelación —quien las lleva compradas entra directo y se ahorra las colas de las horas punta—. Las cuevas están a unos 21 °C todo el año y el suelo puede ser irregular y húmedo, así que ve con calzado cómodo; el aparcamiento es gratuito y abren a diario.