A unos veinte minutos al oeste de Palma, en el término de Calvià, Santa Ponça es un destino de playa familiar con una gran bahía de arena dorada. Pero además guarda un lugar en la historia de Mallorca: aquí desembarcó el rey Jaume I en 1229 para iniciar la conquista de la isla.
Toca un punto para ver el detalle
Santa Ponça es, ante todo, playa: una bahía de unos 900 metros de arena fina y agua tranquila y poco profunda, con bandera azul, paseo marítimo y un pinar central que da sombra. Es el clásico plan familiar del suroeste. Pero pocos saben que este arenal es uno de los lugares fundacionales de la Mallorca moderna: en septiembre de 1229, el rey Jaume I de Aragón desembarcó aquí con su ejército para empezar la conquista cristiana de la isla. Lo recuerda la Creu de la Conquesta, la gran cruz de piedra que se alza junto al Club Nàutic, erigida en 1929 en el 700 aniversario del desembarco.
Más allá de tumbarse al sol, Santa Ponça es una buena base para salir al mar. Desde su muelle parten excursiones en barco a Sa Dragonera —la isla-reserva natural frente a la costa— y rutas de cuevas, acantilados y calas con parada para hacer snorkel por el litoral virgen del suroeste. En el pueblo, el mercado semanal llena las calles de producto local y artesanía. Y para el atardecer, la zona tira de beach clubs y chiringuitos con música frente al mar.
El gran acontecimiento del año son les Festes del Rei En Jaume, entre finales de agosto y principios de septiembre: una decena larga de días de música, cultura y deporte que culminan en El Desembarco, una espectacular recreación de moros y cristianos en la que las tropas de Jaume I vuelven a tomar la playa. Para llegar sin coche, la línea 103 del TIB une Palma con Santa Ponça en unos 26 minutos; desde el aeropuerto, el bus A11 llega directo. Y un consejo: en pleno verano la playa se llena y aparcar cuesta, así que ve en temporada media (mayo-junio o septiembre-octubre) o llega temprano.